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dogmas

Dijo una voz popular:

Ustedes, los de la izquierda radical, tienen un DOGMA, creen que un servicio público debe ser prestado por funcionarios. Y eso no es así, no tiene por qué ser así, un servicio público es de titularidad pública, punto, pero la prestación de ese servicio se puede EX-TER-NA-LI-ZAR para que sea gestionado por empresas privadas, que son las que garantizan su RENTABILIDAD…” (algo así)

Aquella entrevistadora tendría de izquierdista radical lo que yo de monje trapense poco más o menos, nada de particular viniendo de quien viene, para la autora de la frase ya hasta su Presidente del Gobierno será también de izquierda radical a estas alturas. Es lo que tiene escorarte tanto a la derecha, que ves a los demás tan lejos que acabas creyendo que están todos en la extrema izquierda.  Pierdes la perspectiva, te conviertes en la lideresa del Tea Party a la española o aún peor, en la versión española de la Dama de Hierro, su ídola confesa, de hecho bien haríamos en rebautizarla ya de una vez por todas (a la nuestra, me refiero) como la Dama de Cemento. Hace meses dio un paso atrás (o al costado, más bien) y desde entonces la única duda que nos queda es cuánto tardará en dar dos adelante. Si un día movió (presuntamente) los hilos para ganar unas elecciones en segundas nupcias tras haber perdido las primeras (culpa nuestra por supuesto, que aquella primera vez votamos mal), no les quepa la menor duda de que el día menos pensado volverá a moverlos para garantizarse una alcaldía o quién sabe si una presidencia, y no precisamente de Comunidad. Aquí podremos perder la inocencia, la alegría, la ilusión, la dignidad y hasta las ganas de vivir, pero nunca perderemos la Esperanza.

Así que ya lo saben, para una adecuada rentabilización de la gestión nada mejor que una buena externalización, chimpón, ahí les dejo el eslogan para lo que gusten mandar. Claro está, decimos externalización por pura coherencia, si dijéramos privatización llamándose servicio público sonaría a contradicción en los términos, como si dijéramos que aquello que ahora es negro aún sigue siendo blanco o que el cadáver sigue aún muy vivo después de haberlo matado, por ejemplo. Decir en cambio externalización queda mucho más elegante, dónde va a parar, suena a eficacia y modernidad y no a que una panda de golfos se quieran apropiar de lo que es de todos. Externalicemos pues, y hagámoslo además con conocimiento de causa; veamos sin más dilación dos buenos ejemplos, bien recientes además, de lo maravillosa que puede llegar a resultar esta sabia práctica de la externalización:

1) Usted recibe el borrador de su declaración, ve que hay un error pero no sabe cómo modificarlo, pide cita en la Agencia Tributaria, acude puntual a su cita, se lo rectifican, le sale a devolver una pasta, se pone como unas castañuelas y se marcha a su casa a esperar la devolución. Pasan los meses y la devolución no llega, y lo que sí llega en cambio es una paralela en la que le indican que donde dije digo ahora digo diego, donde antes le salía a devolver tanto ahora le sale a pagar cuanto, que lo afloje cuanto antes y que luego los intereses de demora ya veremos cuándo y cómo se los cobramos. Usted pone el grito en el cielo, ¡¡¡pero si me la hicieron aquí!!!, usted presenta incluso un recurso pero ya le advierten al presentarlo que son lentejas, que si quieres las comes y si no las dejas pero éstas te las vas a tener que comer. Que esto es así, que el responsable es usted que es quien figura como titular y quien firmó la declaración, que a quién se le ocurre venir aquí a que se la hiciéramos nosotros, hombre de dios, si aquí en campaña de Renta ponemos a unos cuantos cientos de eventuales sin conocimientos previos en materia tributaria, les damos un portentoso curso de apenas unas pocas horas y luego ya les echamos a los leones, usted al fin y al cabo tuvo suerte, si le salió a devolver y ahora es a pagar piense que hay casos peores, gente a la que le hacen pagar cuando debería ser a devolver, somos así, externalizamos el servicio para poder pagar una mierda a los que nos traen de fuera en lugar de pagar horas como es debido a quienes ya están dentro, que luego el servicio se preste bien o mal es meramente secundario… [Caso real, sucedido este mismo año a unos amigos míos. A saber cuántos más habrá en esas mismas circunstancias]

2) (Seguro que éste le resultará mucho más familiar) El Ayuntamiento de Madrid externalizó el servicio de limpieza, redujo su presupuesto (dado el nivel de limpieza tan extremadamente alto al que estábamos acostumbrados), lo sacó a concurso, las empresas perdieron el culo por pujar, se lo adjudicaron y justo entonces se pusieron a hacer números, y descubrieron que para que la broma les saliera a cuenta (en términos de beneficios, entiéndase) tendrían que despedir a una quinta parte de la plantilla (lo que vienen siendo mil y pico trabajadores) y rebajar el sueldo de los demás un 43 por ciento, una fruslería como si dijéramos. Ante éstas y otras propuestas (no, la de fusilarles al amanecer todavía no se contemplaba, pero todo se andará) los trabajadores se enfadaron, hay que ver cómo son, y el resultado de todo ello es que los mismos madrileños que un día quisimos la Olimpiada hoy hemos conseguido la Oensuciada (disculpen la tontería), semana y media llevamos con ella, semana y media llevamos los sufridos ciudadanos pisando mierda, semana y media lleva el Ayuntamiento pintando la mona (no vayan a pensar que se trata de una alusión a su Alcaldesa, líbreme el cielo), moviendo sus hilos mediáticos para que ese noventa por ciento de periódicos, radios y televisiones que les ríen sistemáticamente las gracias no carguen sus tintas sobre esa Excelentísima Señora ni sobre las concesionarias del sector sino sobre los trabajadores, esos bárbaros, esos vándalos, esos irresponsables que por más que se lo exigimos se niegan a abrirse de piernas lo suficiente. Todo ello por supuesto respetando aquella vieja tradición española (véase artículo de Almudena Grandes) de convertir a las víctimas en culpables, nada hay que se nos dé mejor. Claro está, de ningún modo podemos culpabilizar a todos esos empresarios a quienes hemos regalado (presuntamente) la concesión, no vaya a ser que se enfaden y dejen de financiarnos (presuntamente) nuestras campañas electorales, hasta ahí podíamos llegar…

Hablaba nuestra egregia Dama de Cemento de los dogmas de la izquierda radical. Mire, yo nunca he sido radical (o nunca he sido consciente de serlo) pero ya que a usted le gustan tanto los dogmas (lo que usted llama dogmas) me voy a permitir el lujo de ofrecerle dos más (dog-más), y todo por el mismo precio, para que así los junte con el otro y ya sean tres:

1) La finalidad esencial de todo servicio público es prestar un servicio a los ciudadanos, como su propio nombre indica. Ergo en el momento en que su finalidad pasa a ser la rentabilidad ya no estaríamos hablando de un servicio público, ya hablaríamos de otra cosa, llamémosle negocio por ejemplo (o mamandurria, por decirlo en su idioma).

2) Un servicio público prestado por funcionarios tiene un coste, las nóminas de dichos funcionarios más los medios que éstos precisen para realizar su labor. En cambio un servicio público externalizado tiene dos costes, de un lado las nóminas de sus trabajadores más los medios que precisen, del otro los beneficios que habrán de embolsarse los empresarios que obtuvieron la concesión. Ergo para garantizarse esos beneficios con el mismo presupuesto habrán de reducir gastos, bien disminuyendo la calidad del servicio o bien disminuyendo la masa salarial (o ambas cosas a la vez). Eso con el mismo presupuesto, no digamos ya si se reduce el presupuesto como suele ser habitual en cualquier proceso de externalización. Parece de cajón…

Usted lo llama dogmas y hace bien, yo a lo suyo lo llamo desvergüenza y también hago bien. Usted lo llama dogmas pero para el común de los mortales (izquierdistas radicales todos ellos, sin duda) son cosas de sentido común. Claro que es bien sabido que el sentido común es el menos común de los sentidos, lo sabemos usted y yo como lo saben bien todos esos médicos y enfermeros, todos esos treneros y autobuseros (den por añadido el femenino en cada caso) que andan hoy con sus barbas puestas a remojar sabiendo que no tardará en llegar el día en que se las corten. Ustedes siempre ganan, nosotros siempre perdemos, su victoria y nuestra derrota es sólo cuestión de tiempo. Ese sí es un verdadero dogma.

pincho moruno

Hace algún tiempo el Ayuntamiento de Madrid decidió tomar medidas para acabar con las palomas, esos encantadores animalillos portadores de valores eternos (la paz, los mensajes…) pero que ahora se habían convertido de repente en nuestro peor enemigo, hay que ver, quién habría podido siquiera imaginarlo. Ratas con alas les decían, se reproducen como tales, transmiten enfermedades, sus excrementos contaminan todo por doquier, la de dios. Algo había que hacer, y las privilegiadas mentes pensantes de nuestra Corporación Municipal alumbraron la brillante idea de instalar pinchos sobre nuestros principales monumentos para así disuadir a dichas aves de que se posaran en ellos. La eficacia de dicha medida no me consta, no recuerdo haber visto jamás a una paloma ensartada en lo alto de una estatua, será porque no me fijo, será porque aprenden rápido, será porque vuelan (quizás nuestros sabios rectores no hubieran reparado en ello) y si notan que se pinchan no tienen más que mover sus alas, será porque la ciudad es muy grande, si tienes kilómetros y kilómetros de suelo a tu disposición buena gana de ir a posarte justo encima de una aguja instalada en posición vertical. La medida no sé si prosperó pero lo que sí es evidente es que creó escuela, mayormente entre sus correligionarios entregados en cuerpo y alma al gobierno de la nación. La política del pincho como si dijéramos, igualmente válida para palomas y para personas, ay perdón, donde dije personas quise decir inmigrantes, tonto estoy, en qué estaría yo pensando. Por ahora los inmigrantes no parece que vuelen, y sospecho que esta vez nuestras egregias Autoridades sí que han tenido ese pequeño detalle en consideración.

Tenemos un extraño concepto de derechos humanos, no cabe duda. A este lado estamos los humanos con derechos, cada vez menos derechos pero alguno todavía nos queda. Al otro lado en cambio están los humanos derechos, parece lo mismo pero no es lo mismo, nótese la ausencia de preposición. Derechos o incluso tiesos, atravesados por cuchillas, convenientemente reconvertidos en pincho moruno (nunca mejor dicho) para la ocasión. Dirá el Gobierno (en su inmensa sabiduría) que una cosa son los derechos humanos y otra muy distinta los desechos humanos, en realidad la palabra humanos quizás no lleguen a emplearla porque no creo que conozcan siquiera su existencia. Dirá que la medida es disuasoria, cómo no, usted está muriéndose de hambre, llega a la frontera, ve las alambradas y exclama oh cielos, qué horror, por ahí no voy a pasar no vaya a ser que me pinche, casi mejor sigo muriéndome de hambre en mi país, dónde voy a estar mejor. Disuasión es un concepto un tanto etéreo para quienes ya no tienen nada que perder, basta con ver lo que disuaden los naufragios de pateras a quienes siguen jugándose la vida en las pateras, algunos incluso por segunda o tercera vez. Medida disuasoria, de acuerdo con ese criterio no sería de extrañar que dejaran los cadáveres o los trozos de carne ahí expuestos en lo alto de la valla, las vísceras pudriéndose para que sirvan de escarmiento a los siguientes hasta que se las coman los buitres, todo ello muy propio de un Estado moderno y avanzado como el nuestro. Eso sí, reconozcamos al menos que aquellos que consigan pasar a este lado habrán aprendido algo muy importante, sabrán por fin (mucho mejor que nosotros incluso) lo que significa la Marca España: les bastará con mirar su propio cuerpo para verla.

Una vez, un egregio mandatario del país más poderoso sobre la faz de la Tierra decidió talar los bosques para así acabar de una vez por todas con los incendios forestales. Medida irrefutable e irrebatible e incontrovertible donde las haya, de tan probada infalibilidad que incluso decidió extenderla a otros ámbitos, destruir un país entero para así hacer desaparecer sus armas de destrucción masiva, tan bien lo hizo que hasta hizo desaparecer la posibilidad de que hubieran existido alguna vez. Claro está, su inmenso talento creó escuela, cómo no habría de crearla, y hoy los más prestigiosos gobiernos siguen al pie de la letra sus enseñanzas, entre ellos el nuestro como no podía ser de otra manera. Para acabar con los incendios forestales nada mejor que destruir los bosques, para solucionar el problema de la inmigración nada mejor que acabar de una vez por todas con los inmigrantes. Eso sí, no sean flojos, para qué despedazarlos en lo alto de una valla o permitir que se ahoguen en el Mediterráneo cuando podemos bombardearlos perfectamente en sus aldeas o sus campos de refugiados y solucionar así el problema desde la raíz. Dicen que quien evita la ocasión evita el peligro, no me sean tibios, recuerden la doctrina, para acabar con el hambre en el mundo nada mejor que acabar con el mundo o en su defecto acabar con los hambrientos del mundo. África parece un buen lugar para empezar, de hecho ya están en ello pero el sistema éste de dejar que se mueran de inanición tiene sus contrapartidas, resulta un poco lento, no impide la reproducción de la especie y siempre queda el riesgo de que quieran escaparse, véase la muestra. Así que no se corten (nunca mejor dicho), pasen al Continente entero a cuchillo para así evitarse instalar cuchillas, que tan antiestéticas quedan y tanto daño hacen a la sacrosanta imagen de nuestra civilización occidental. Y por supuesto, en cuanto acaben con ellos vénganse de inmediato a por nosotros, faltaría más: que a este paso no tardaremos mucho en tener también vallas que saltar.

truco o trato

Durante muchos años fueron Todos los Santos, ahora preferimos llamarlo Jálogüin. Que a ver, que no es que me importe, que no soy de santos (ni aún por muchos que sean) pero que nunca dejará de sorprenderme esa capacidad innata que tenemos en las colonias para adaptar nuestras costumbres a las costumbres de la metrópoli, si aún no celebramos el Día de Acción de Gracias será sólo porque no nos hemos puesto a ello pero no lo duden, todo se andará. Aquí eran los Santos y luego los Fieles Difuntos (¿y cómo podrían no ser fieles?), se iba a los cementerios, se representaba el Tenorio y se comían buñuelos de viento, esas eran nuestras tradiciones, que yo no las respetara dado mi natural desapego hacia estas cosas (bueno, la de los buñuelos sí que la respeté alguna que otra vez) no les resta trascendencia. Hoy en cambio hemos entrado en la modernidad, los colegios y hasta las guarderías montan veladas de Jálogüin, los padres disfrazan a sus hijos de adefesios para la ocasión, los parques temáticos, los centros comerciales, los bares de copas y hasta las tascas más cutres pierden el culo (si lo tuvieren) por decorarse en plan gore y hasta los propios ayuntamientos organizan terroríficas macrofiestas, en algún caso con cadáveres de verdad para darles más sensación de realismo. Y aunque intentes permanecer al margen no te lo pondrán fácil, puedes estar tan a gusto en tu sofá en la tarde del 31 pero habrás de saber que en cuanto anochezca te tocarán al timbre, mirarás por la mirilla y te encontrarás a toda una manada de críos vestidos de negro y con un hacha en la cabeza que te gritarán ¡¡¡¿truco o trato?!!!, tú nunca supiste cuál era el truco y cuál el trato, será que en las series yanquis no te aplicaste lo suficiente pero casi mejor que ahora ya no intentes averiguarlo, limítate a tener caramelos o en su defecto procura que no descubran que estás en casa…

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En cualquier caso me resulta fascinante el empeño que ponen algunos en recrear una ambientación de terror, como si cualquier ambiente aún por logrado que esté pudiera competir con la vida cotidiana en estos tiempos (de mierda) que corren. Si quiere terror búsquelo en los que no saben si llegarán a fin de mes o si podrán siquiera empezarlo, búsquelo en los afectados por los ERE, en quienes se ven en la puta calle tras perder el trabajo de toda una vida, búsquelo en la desesperación de quien va a perder su casa sin perder por ello la deuda que le hace perder su casa, búsquelo en quienes saben que en apenas unos meses se les acabará el paro, en los asfixiados por las deudas, en ese padre y esa madre que apenas tienen ya para dar de comer a sus hijos, búsquelo en quienes tienen un dependiente a su cargo y se han quedado sin ayudas, búsquelo en quienes ya no pueden pagarse la matrícula de la universidad (pública), en quienes acabaron la carrera y luego hubieron de irse al otro lado del mundo a despachar hamburguesas durante catorce horas diarias por un sueldo de miseria, búsquelo en quienes hace algunos años llegaron aquí desde el otro lado del mundo por ese mismo sueldo de miseria y ahora ya ni tienen siquiera con qué volver a su país, búsquelo en los enfermos crónicos que no pueden pagar su tratamiento, búsquelo en esos ancianos que tienen a una familia entera (mal)viviendo de su mísera pensión, pregúnteles a cualquiera ellos por el terror, hágales el truco o trato si se atreve, hábleles de la noche de Jálogüin y le contestarán que para ellos todas las noches son Jálogüin. Eso sí, después de haberle mandado prudentemente a la mierda.

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Asumámoslo cuanto antes, ni la máscara más inquietante que usted pueda concebir podrá competir (ni un poquito siquiera) con el pavoroso rostro del Ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, no digamos ya con sus palabras. Esa mezquindad de responder con amenazas, yo que usted no me opondría porque sé lo suyo y tiene mucho que ocultar, no me obligue a sacarlo a la luz; ese desprecio hacia cualquier manifestación cultural que ose ser (siquiera levemente) crítica y requiera subvenciones; esa desenvoltura para llamarnos gilipollas en plena cara o lo que viene siendo lo mismo, para decirnos que no hubo amnistía fiscal sino regularización, que no subió el IVA sino que modificó su ponderación, que no bajan los sueldos sino que moderan su crecimiento, esa risa, siempre esa risa, que otros te dicen las cosas y parece que hasta se las creen pero él ni siquiera intenta disimularlo, él te dice que España es el gran éxito económico del mundo y se parte de la risa (la verdad es que es para reírse), él quiere que tengas claro que no sólo te está toreando sino que encima se te está descojonando, que te preguntarías de qué cojones se ríe este señor (disculpen lo de señor, era sólo por acabar la frase de algún modo) si no fuera porque la pregunta correcta no es de qué sino de quién, y de esa por desgracia ya conoces la respuesta… Si quería usted terror pues ahí lo tiene, terror en estado puro, empapele con su foto (la de alguno/a de sus colegas también valdría) nuestros pueblos y ciudades y vivirá la experiencia más escalofriante y angustiosa que jamás haya podido imaginar. Imagínele (valga la repugnancia) llamando a su puerta (o a su televisor, que para el caso es lo mismo) en plena noche de Jálogüin (también para él todas las noches son Jálogüin, es lo que tiene ser ministro), lo suyo no es truco o trato sino susto o muerte, una vez (hace ya casi dos años) pedimos susto y desde entonces no hemos parado de llevárnoslos, a este paso acabaremos todos arrepintiéndonos de no haber pedido muerte.

la nube

Quieres pero no puedes.

Tantas ideas como quisiste soltar, que ahora que estás frente al ordenador van y se niegan a salir.

Tantas cosas que hacer, todas ahí esperándote en vano, en cada rincón de esta casa hoy repentinamente hostil.

Tanta vida por vivir, si al menos fueras capaz de encontrar la manera de levantarse de una puta vez de ese maldito sofá…

Sabes que estás echando a perder la tarde, sabes que no te quedan ya tantas tardes como para echarlas a perder pero tampoco puedes hacer ya nada por evitarlo. Esta vez no.

Sientes cómo la nube se apodera de ti, notas cómo se te instala en medio del cerebro, cómo se te va extendiendo por todos los confines de tu cuerpo, cómo te vence por dentro. Sin remedio.

Tratas de impedirlo, te niegas a aceptar la derrota pero es inútil, sabes que es inútil. Has perdido, cuanto antes lo asumas será mejor para ti. Para todos.

Eres el centro del donut. Un puto agujero, un inmenso vacío en medio de un mundo fofo y grasiento que te pringa más y más y más a cada minuto, con cada giro.

Piensas que la vida es una mierda, otros días también pero esa al fin y al cabo es tu mierda, la administras adecuadamente, te encuentras a gusto en ella. Hoy no. Hoy te come la mierda.

Te ves como en aquella canción de Luz…

Todo lo que tengas que hacer tendrá que esperar, quizás hasta mañana.

Todo lo que quieras hacer tendrá que esperar, quizás hasta nunca.

En apenas unas horas tu nube se irá por donde vino, así sucedió ya en tantas y tantas otras veces, con tantas y tantas otras nubes. Te quedará una sensación de liberación, otra aún mayor si cabe de desolación. De páramo arrasado, de tierra calcinada. Te llevará días y días repoblarte, verte crecer de nuevo, volver a hacerte fértil.

Hasta la siguiente nube.

euforia

La vida vuelve a ser maravillosa, somos ricos y cresos, nadamos en la abundancia, atamos a los perros con longaniza, tenemos el dinero por castigo. Vivimos un momento extraordinario, el capital entra a chorros por todas partes, si usted no lo nota es porque pasa tan deprisa que ni le da tiempo a cogerlo pero entrar entra, vaya que sí entra, lástima que sólo los seres superdotados puedan verlo (y quedárselo). No es ya que veamos la luz al final del túnel sino que ya hemos salido del túnel, ya estamos fuera, puede que usted aún lo siga viendo todo negro pero eso es pura ceguera, entendámoslo, tenía usted los ojos acostumbrados a la oscuridad y ahora este refulgente resplandor se los ha cegado por completo, necesitará tiempo, quizás unos cuantos años hasta que se le acostumbren de nuevo a la luz del sol, quizás unas cuantas décadas, quizás no llegue nunca a ver la luz pero eso es lo de menos, lo que importa es que nosotros le digamos que hace sol, que a usted siempre le parezca que es de noche es meramente secundario. Nuestros salarios crecen moderadamente, nuestras pensiones crecen moderadamente, nuestras prestaciones sociales crecen moderadamente, nuestro estado de bienestar crece moderadamente, la satisfacción de nuestros ciudadanos crece moderadamente, nuestras pollas también crecen moderadamente gracias a lo encantados que estamos de habernos conocido. Nuestra economía camina con ritmo imparable por la senda de la recuperación, nuestro crecimiento es firme y sólido, cómo podría existir crecimiento más sólido que pagar todos esos intereses de la deuda que emitimos para pagar los intereses de la deuda que a su vez emitimos para pagar los intereses de la deuda que a su vez emitimos para etcétera, cómo podría existir algo más sólido que emplear casi todo nuestro presupuesto en satisfacer las necesidades de los mercados, a ver si no qué otras necesidades podríamos tener. Somos un ejemplo, créame que llegará el día en que nuestra recuperación se estudie en las más afamadas facultades de Económicas de las más prestigiosas universidades del planeta, hoy de hecho Europa entera, qué digo Europa entera, el mundo entero se rinde ya ante el milagro español, ni siquiera las veleidades secesionistas de un insignificante segmento de nuestro territorio logran siquiera ensombrecerlo, no digamos ya esos presuntos seis millones de presuntos seres humanos que se hacen pasar por parados, que podrían trabajar y no lo hacen sólo por jodernos la estadística, como si a nosotros nos importara un pimiento su estadística. No nos permitiremos caer en el derrotismo, ni las muertes de hambre ni los suicidios por desahucio harán que nos tiemble el pulso, allá ellos si prefieren morirse a integrar nuestro proyecto, allá ellos si no son capaces de entender que lo que verdaderamente importa es cómo le vaya al país, cómo les vaya a sus habitantes es irrelevante. Hoy la vida vuelve a ser maravillosa, somos ricos y cresos, nadamos en la abundancia, atamos a los perros con longaniza, tenemos el dinero por castigo y todo ello es gracias a su esfuerzo, no sabe lo orgullosos que nos sentimos de poder contar con personas como usted, no sabe cuánto le agradecemos ese esfuerzo, tanto se lo agradecemos que en breve implementaremos nuevas medidas para que pueda seguir esforzándose, para que nosotros podamos sentirnos aún más orgullosos si cabe. Sépalo cuanto antes, son precisamente las personas como usted, con su generoso a la par que desprendido sacrificio, las que están haciendo verdaderamente grande a este país. O a lo que nosotros entendemos por país.

es triste pedir

Parece ser que el Ayuntamiento de Madrid ha decidido por fin coger el toro por los cuernos y atajar de una vez por todas el problema de la mendicidad, que tan antiestético resulta y tanto daño hace a una ciudad moderna y cosmopolita como la nuestra. Para lo cual cabe suponer que todas esas lúcidas mentes pensantes que con tanto acierto rigen los destinos de esta municipalidad se habrán planteado un sinfín de posibles soluciones al respecto, a cuál más innovadora, algunas de las cuales sin duda habrán sido las siguientes:

A) recluir a todos los mendigos en un lugar donde nadie les vea 
B) proceder a su exterminio de manera sistemática
C) meterlos en un avión y enviarlos a Pernambuco (por ejemplo)
D) procurarles sustento
E) condenarles a pagar una multa de 750 euros por ejercer la mendicidad en plena vía pública.

De entre todas ellas (y tantas otras que se les hayan podido ocurrir) parece que finalmente han decidido decantarse por la opción E por ser la menos onerosa para las arcas públicas, cuestión crucial en estos tiempos de crisis. Es más, no sólo es la menos onerosa sino que hasta podría representar una nueva fuente de ingresos que contribuyera a aliviar las penurias que anda padeciendo esta noble Villa. Por todo lo cual habremos de suponer que a partir de ahora todo mendigo que esté pidiendo por encima de sus posibilidades se verá en la tesitura de tener que abonar la multa correspondiente, lo que ya no nos consta es qué se hará cuando el individuo en cuestión, dada su menesterosa condición, no disponga del patrimonio necesario para hacer frente a dicha multa. Quizá le será requisada la recaudación del día, o bien (si ésta no resultara suficiente) se le obligará a realizar trabajos comunitarios hasta que logre completar el resto de la cantidad; o bien se le embargarán sus exiguas posesiones, su raído abrigo, su presunto colchón, su caja de cartón, su cartel de dame argo pa comé, por caridá, su cuerpo incluso (o lo que quede de él) para entregárselo a la ciencia, tan quejosa en estos días por su falta de recursos. Todo lo que sea menester.

Es triste pedir pero es mucho más triste tener que robar, durante años escuchábamos a diario esa misma retahíla en los vagones del tren o del metro. Hoy ya estamos en otra fase, le hemos dado la vuelta a la tortilla, probablemente dentro de poco empezaremos a escuchar que es triste robar pero es muchísimo más triste tener que pedir, nos lo dirán cuando nos atraquen y no nos quedará otra que darles la razón. Reconozcámoslo, robar es mucho más rentable en términos de beneficio y mucho más económico en términos de esfuerzo, dónde va a parar, en apenas un minuto navaja en cuello puedes sacar infinitamente más de lo que recaudarías tirándote el día entero a la puerta de un hipermercado o de una iglesia. Robar puede resultar más traumático a priori pero ese mal trago dura apenas un instante, se pasa rápido, nada que ver con estar humillándote la vida entera. Robar hasta ahora tenía la contrapartida de que era delito pero ahora ya si también lo es mendigar como que no hay color; y del riesgo ya ni hablemos, el ladrón roba un instante y luego desaparece, en cambio el mendigo permanece ahí tirado día tras día en perpetua exposición, no habrá en el mundo un delincuente que resulte más fácil de detener. Y por último (pero no por ello menos importante), no nos engañemos, robar está muchísimo mejor visto que pedir, nada que ver en términos de consideración social. Un mendigo es una lacra para la sociedad, un chorizo en cambio es un ejemplo, un modelo de conducta, incluso un puto ídolo en ocasiones, si no se lo cree le bastará con mirar un poco a su alrededor, tampoco mucho, con ver lo que votamos (y lo que seguiremos votando) le será más que suficiente…

prescindibles

En un futuro no muy lejano todos seremos prescindibles (José Saramago)

Cada día las noticias nos confirman (por si no lo tuviéramos ya suficientemente claro) que hay seres humanos de primera, de segunda y de tercera, y que aún un poco más allá queda una última categoría que se sale de la tabla, una masa informe de seres que aunque nos cueste creerlo son también humanos, y ello a pesar de que cada día se empeñen en mostrárnoslos como si no lo fueran. Un ciclón que apenas deje heridos en Oklahoma puntúa más (en términos informativos) que un tifón que provoque cientos de muertos en Indonesia. Un tiroteo en Washington con una sola víctima ocupa más espacio (en nuestras mentes y en nuestros noticiarios) que la masacre de un centro comercial en Nairobi. Nos importa más el derrumbe de un edificio de apartamentos medio deshabitado en París o Berlín que el derrumbe de una fábrica entera en Pakistán, tanto nos dará descubrir luego miles de cadáveres hacinados y averiguar que los tenían trabajando casi de sol a sol por un sueldo de miseria, acaso cosiéndonos estas mismas ropas que luego nos iremos a poner. Es como en aquellas películas de guerra, el americano bueno matando a chorros japoneses malos, cien, doscientos, trescientos, así hasta que de repente le pegaban un tiro y se moría y a ti se te ponía un nudo en la garganta porque era el amigo del protagonista, porque acababa de enseñarle la foto de su novia, porque en la siguiente escena ya te mostraban a la madre llorando mientras le daban la noticia y le contaban que su hijo había muerto como un héroe. Y a ti todo te parecía tan normal hasta que acababa la película y te parabas a pensar (quién te mandaría pensar), y pensabas que a lo mejor esos trescientos japoneses también tendrían amigos, novia, madre, que por tener tendrían incluso hasta una vida lejos de aquellas selvas de Birmania. Aquello al fin y al cabo era cine pero esto es la vida real, y en la vida real de cada noticiario cabría acaso preguntarse a cuántos muertos del tercer mundo equivale un muerto del primer mundo, cuántos cadáveres africanos, indonesios o pakistaníes tendremos que mostrar para que merezcan la misma consideración que un solo cadáver norteamericano, francés o alemán.

No es doble moral, es algo peor. Es como si en el primer mundo lo natural fuera estar vivo y en el tercer mundo lo natural fuera estar muerto, es como la trágica confirmación de aquella manida frase periodística, noticia no es que un perro muerda a un hombre sino que un hombre muerda a un perro, noticia es que se mueran quienes están vivos pero no que lo hagan quienes están muertos (muertos en vida), en realidad la verdadera noticia sería que pudieran seguir viviendo. Los muertos y los vivos del primer mundo tienen (tenemos, por ahora) nombre y apellidos, cara y ojos, en cambio los muertos y los (presuntamente) vivos del tercer mundo apenas alcanzan la categoría informativa de personas, en realidad son sólo números, una mera estadística. De alguna manera les hemos cosificado, les hemos otorgado la condición de mercancía, material inventariable, intercambiable y fácilmente reemplazable. No es ya que haya animales que nos merezcan una mayor consideración, es que hay incluso objetos que nos merecen una mayor consideración. A esto hemos llegado, a la deshumanización de la humanidad como paso previo para poder prescindir de ella. De una buena parte de ella.

No es un problema informativo, ojalá lo fuera. De hecho es justo lo contrario, de hecho la información no es más que un reflejo de la sociedad a la que informa, una mera consecuencia del poder al que sirve. El poder ha decretado que hay ricos y hay pobres, al poder no hay cosa que le saque más de quicio que unos pobres queriendo dejar de ser pobres, no hay cosa que le descomponga más que ver a los miserables queriendo escapar de la miseria y llegando a atreverse incluso a llamar a las puertas de su casa. Les echaremos las últimas migajas de nuestro pastel pera que se maten por ellas pero eso sí, como a alguno se le ocurra acercar siquiera un poco la mano para intentar tomar un mísero pedazo se la cortaremos, eso si no le cortamos también el cuello aprovechando el viaje. niñosafricaUstedes quédense ahí en sus continentes de mierda, con sus barrigas fuera y su mugre hasta los ojos, esténse ahí calladitos y limítense a desempeñar el papel que les ha sido asignado, aparecer de vez en cuando en los documentales y servir de coartada para que nuestras damas de beneficencia laven su mala conciencia en cada fiesta de la banderita, el resto déjennoslo a nosotros que ya haremos todo lo que esté en nuestra mano para que no vengan, ya legislaremos para que si vienen se arrepientan de haber venido. Cada cosa en su lugar, y cada persona en el suyo.

¿Exagero? Estos días se ha hablado mucho de los pesqueros que negaron su auxilio a las víctimas de Lampedusa, pero se ha hablado mucho menos de la causa última de que sucediera semejante aberración. Se ha hablado mucho menos de que la legislación italiana criminaliza el auxilio a los náufragos, de que su Parlamento aprobó en 2002 (y aún sigue vigente, por supuesto) el delito de complicidad con la inmigración ilegal para todos aquellos que introduzcan en su país a inmigrantes sin permiso de entrada, incluyendo en ese lote a quienes les rescaten cuando su lancha o su patera se esté hundiendo y a quienes les recojan cuando se estén ahogando en alta mar. Y tampoco hace falta ir tan lejos, estos días se ha hablado (tampoco mucho, no nos volvamos locos) de dos seres llamados (no estará de más decir sus nombres para que así al menos recordemos que los tenían) Pietr Piskozub y Alpha Pam, polaco y senegalés respectivamente, residentes (si a eso se le podía llamar residir) en Sevilla y Baleares respectivamente, 23 años y 28 años respectivamente, fallecido el primero de desnutrición (pesaba apenas 30 kilos) justo cuando acababa de recibir el alta médica en un hospital, fallecido el segundo de tuberculosis justo después de que se le denegara la asistencia por no tener tarjeta sanitaria. Este es nuestro mundo, unos denegando el deber de auxilio y otros el sagrado juramento hipocrático, si trae papeles puedes salvarle, si no los tiene habrás de dejar que se pudra, su vida vale menos que la de cualquier animal. Nos jactamos de vivir en estados modernos que abolieron hace tiempo la pena de muerte pero es mentira, es una puta mentira, no matamos en directo pero ponemos los medios para que mueran en diferido. Y no precisamente en forma de simulación.

Acaso crea usted que todo esto le pilla muy lejos, que puede apenarle pero en modo alguno podrá afectarle… Se equivoca. Las fronteras que separan el norte del sur son cada vez más difusas, hoy ya no son físicas ni geográficas sino meramente económicas. El sur está aquí mismo, en nuestros barrios, en nuestras familias, quizás incluso en nuestra propia casa. Hoy todos somos o seremos sur, hoy todos somos susceptibles de ser carne de cañón en cuanto se les ponga en la punta a los del norte, les valdrá cualquier pretexto, repásese la historia reciente y encontrará unos cuantos precedentes al respecto. Recuérdelo, en un futuro no muy lejano todos seremos prescindibles, todos menos ellos, todos excepto aquellos que tienen la sartén por el mango y establecen los criterios de prescindibilidad, todos menos sus cómplices. En un futuro no muy lejano todos seremos prescindibles, a día de hoy lo son ya más de tres cuartas partes de la humanidad. Y subiendo.

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