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contención del gasto

26 mayo, 2013

Vivimos tiempos de austeridad. Mi jefe en sus correos suele hablar de escenario presupuestario de contención del gasto, otros en cambio preferimos hablar de crisis de mierda, va en gustos. Vivimos tiempos de austeridad, la notamos cada mes en nuestras nóminas y cada jornada laboral en nuestras más elementales labores de alivio cotidiano. Hace apenas unos meses nos limpiábamos el culo con un papel que no es que fuera la quintaesencia de la suavidad y la tersura pero que al menos podía utilizarse sin contratiempos, sin que representara una dificultad adicional. Hoy en cambio nos lo limpiamos con un presunto papel que no es ya que sea fino sino más bien translúcido, una delicadísima película ante la que resulta sumamente arriesgado ejercer la más ligera presión. Sucede entonces que para obtener los mismos resultados resulta ahora necesario utilizar casi el doble de papel, y sucede también que además, aún por poca presión que hagamos, acostumbra a producirse un efecto colateral (no entraré en detalles) que nos obligará luego a lavarnos las manos con mucha más intensidad y profundidad que antes si cabe, lo cual a su vez tendrá como consecuencia mucho más gasto de agua y no digamos ya de jabón, jabón que por otra parte tampoco es ya el mismo, ahora viene a ser un líquido verde muy ligeramente viscoso que ya sólo genera espuma en tu imaginación. Finalizado todo lo cual procederemos a (intentar) secarnos con las toallitas de papel que la administración tiene a bien colocar a nuestra entera disposición justo a tiempo de comprobar que éstas ya tampoco son las mismas: las de antes tenían una textura ligeramente más suave que la de una lija pero bastaban un par de ellas para secarte las manos y desollártelas de paso, las de ahora en cambio (sospecho que deben ser del mismo fabricante que el papel higiénico) con dos gotitas ya se ponen chorreando; coges ocho, diez, las que quieras, te pasas una y otra vez por la palma y el dorso lo que antes fue papel y ahora es ya una extraña amalgama gelatinosa, vuelves finalmente a tu mesa restregándote tus manos y tu fracaso en los pantalones sin lograr esquivar las inquietantes miradas de aquellos que te contemplan mientras piensan mírale, de dónde vendrá este guarro, qué habrá estado tocando, será cerdo, no tendrá otra cosa con que limpiarse, por lo menos se podía lavar

En resumidas cuentas, habremos ahorrado la de dios comprando peor papel, peores toallitas y peor jabón… y a cambio habremos gastado mucho más papel, muchas más toallitas, muchísimo más jabón y de paso también mucha más agua y mucha más autoestima, ya puestos. Y a eso le llamamos contención del gasto, al parecer. Si en realidad la solución es bien sencilla, venir cagados de casa. O bien, si ello no fuera posible o se presentara de improviso un inoportuno apretón, llevar siempre encima nuestro propio rollo de papel, incluso nuestra propia pastillita de jabón. No lo duden, todo se andará.

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From → VIDA DE MIERDA

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