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metaperiodismo

18 julio, 2013

Hubo un tiempo, quizás alguien lo recuerde, en que aún no daba vergüenza leer el periódico. Hubo un tiempo en que había periódicos de uno u otro signo, siempre los hubo (excepto en los negros años del fascismo), normalmente sabías de qué pie cojeaba cada uno pero dicha cojera por lo general no se mostraba en las páginas de información sino en los editoriales y artículos de opinión. Hubo un tiempo en que los acontecimientos podían ser más o menos los mismos para casi todos, no cambiaba la realidad sino simplemente la manera de verla.arcadi Hubo un tiempo en que escuché o leí (a saber dónde) aquella cita de que el periodismo era el noble arte de explicarle a la ciudadanía quiénes son los buenos y quiénes los malos, hoy ya no, hoy los buenos y los malos ya nos vienen servidos de antemano sin esperar a los hechos, si es de los nuestros será un santo varón y si es de los otros será un hijo de puta, por más hijoputeces que haga el nuestro jamás dejará de ser un santo varón, por más bondades que haga el de enfrente jamás dejará de ser un hijo de puta, ya puede venir aquí, postrarse de hinojos y lamernos concienzudamente la polla que ni por esas se librará de seguir siendo un hijo de puta para toda la vida de dios. Y para recrearnos en la suerte retorceremos la realidad hasta la náusea, escribiremos las barbaridades más inverosímiles, inventaremos portadas tan ridículas que serán el hazmerreír del mundo entero pero a nosotros tanto nos dará siempre y cuando sirvan a quien tienen que servir. Hubo un tiempo en que todo era del color del cristal con que se mira, hoy ya no, hoy ya no les basta con cambiar el cristal, hoy nos cambian la realidad entera con cada edición.

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No le digas a mi madre que soy periodista, dile que trabajo de pianista en un burdel, aquella era una frase recurrente para explicar la supuesta indignidad de dicha profesión pero créanme que yo nunca la compré, yo (periodista frustrado en cierto modo) siempre miré con sana envidia a todos esos seres humanos que tenían el privilegio de contarnos lo que pasa. Así era entonces y probablemente así seguirá siendo lejos de los grandes círculos de poder, benditos sean todos aquellos que aún puedan seguir ejerciendo su trabajo con (presunta) libertad allá donde estén. Aquí no. Aquí en los alrededores de La Corte hace ya mucho tiempo que el periodismo no consiste en contarnos lo que pasa sino en contarnos lo que el jefe les dicta, a su vez dicho jefe dictando lo que a él antes le dictaron. Hoy el periodismo (a estos niveles) ya no existe, existe el metaperiodismo, el innoble arte de fabricar noticias o retorcerlas o hacerlas desaparecer desde los mismísimos centros de poder, de tapar bocas incluso entre los más fieles no vaya a ser que alguna se vaya de la lengua y diga lo que no deba, de crear opinión y distribuirla de inmediato a los medios afines para que todos digan no lo que quieran decir ni lo que crean que deben decir sino lo que tienen que decir. El innoble arte de repetir la misma mentira mil veces, cienmil, las que hagan falta hasta que logre convertirse en verdad.

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Por supuesto que esto no es obligatorio, por supuesto que cualquier periodista en un arrebato de dignidad puede pegar un portazo y decir adiós muy buenas, hasta aquí hemos llegado, hasta más ver. La dignidad es una cosa maravillosa que queda muy bien en las películas y en el idealismo de los veinte años pero que por desgracia no da de comer. Das el portazo, te vas a tu casa y a poco que te descuides te encuentras un par de críos que alimentar y una hipoteca que pagar. Das el portazo y lo mismo tus jefes hasta te hacen una fiesta, ahí fuera hay miles de congéneres tuyos que darían cualquier cosa por tener tu mismo empleo y la mitad de tu salario, que no tendrían ningún problema en plegarse a todo lo que se hubieran de plegar.20121016elroto Además para hacer lo que haces tú cualquiera vale, para escribir al dictado con no cometer demasiadas faltas de ortografía es más que suficiente. Te sientes rehén del poder político y/o económico pero quizá te sirva de consuelo (mal de muchos…) saber que no eres tan diferente, que así también nos sentimos casi todos los demás, empleados públicos o privados que tecleamos informes, cerramos heridas, limpiamos suelos, ponemos ladrillos, vendemos trapos, despachamos pollos, tiramos cañas o apretamos tuercas mientras nos avergonzamos de trabajar para quien trabajamos, pero que tragamos y seguiremos tragando mientras nos dejen porque no hay alternativa, porque cualquier otra opción es todavía mucho peor. Eso sí, con una pequeña diferencia, que es que a ti un día te vendieron que tu trabajo tendría un componente de creatividad y romanticismo, observar la vida y luego contarla, acaso pueda existir una ocupación más maravillosa que esa… Pero hoy ya sabes que los Reyes Magos no existen (y los otros existen demasiado), que eres sólo una pieza más de su engranaje, que todo este (presunto) tinglado periodístico no es más que otra puta cadena de montaje. Eres su eslabón, uno de tantos.

No le digas a mi madre que soy periodista, dile que trabajo de pianista en un burdel… Hoy quizás deberíamos reformularla, no le digas a mi madre que trabajo en un periódico, dile que soy jefe de prensa en un ministerio, que estoy en el gabinete de comunicación de algún partido, que me he metido a político, qué sé yo. Si al fin y al cabo todo viene a ser lo mismo.

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From → PAÍS DE MIERDA

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  1. estado de desecho | tiempos de mierda

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