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el sheriff

3 septiembre, 2013

Existe un país al otro lado del mar en el que a poco que te descuides te pueden elegir presidente (incluso aunque apenas sepas hacer la o con un canuto, precedentes hay al respecto) pero eso sí, el carnet de presidente sólo te lo darán cuando invadas otro país. Te nombran y eres presidente de derecho pero para ser presidente de hecho tendrás que hacer algo más, montar un cirio en Corea, Vietnam, Panamá, Granada (Isla de), Kuwait, Iraq, Libia o Siria pongamos por caso. Y tanto dará que seas conservador o liberal (lo que allí entienden por liberal), que seas de derechas o de izquierdas (lo que allí entienden por izquierdas), ante esta cuestión sobran las ideologías (lo que allí entienden por ideologías). No muevas ficha y quedarás como un presidente meramente nominal, tal vez ni eso siquiera. Aprieta el botón y de inmediato entrarás en la historia.

Existe un país al otro lado del mar cuyos dirigentes tienen la potestad de distinguir el bien del mal. Usted y yo quizás también pero en nuestro caso no dejarán de ser impresiones subjetivas, a menudo incluso divergentes. Usted y yo quizás estemos convencidos de que el mundo está lleno de hijos de puta ocupando el poder y ejerciéndolo impunemente incluso contra su pueblo, usted y yo podemos indignarnos al respecto pero no por ello pensamos que otro país pueda arrogarse la potestad de entrar a saco y acabar con el sátrapa, acaso acabando también de paso con unos cuantos ciudadanos que sólo pasaban por allí. Ellos en cambio no tienen ninguna duda, separan el mal del bien como quien separa la paja del grano, los buenos son los nuestros y los malos todos los demás. Pero hay malos y malos, hay malos normales y malos molestos, hay malos ignotos y malos ubicados terriblemente cerca de nuestros amigos (o sea, de los buenos), hay malos anodinos y malos estratégicos, hay malos descafeinados y malos con gas, o con petróleo. Hay malos y hay peores, esos a quienes antes llamábamos el eje del mal, nada menos. Hoy ya hemos superado esa terminología (quizás porque nos hemos dado cuenta de lo ridícula que resultaba) pero ello no quiere decir que no sigamos funcionando exactamente de la misma manera.

Existe un país al otro lado del mar al que no le incumbe la legalidad internacional, cómo habría de incumbirles si ellos son en sí mismos la legalidad internacional, qué otra podría haber si no. Ni fronteras ni inviolabilidad territorial ni leches, patada en la puerta y p’adentro, si hemos de ser salvados acudirán presurosos a salvarnos, tanto dará que nosotros no se lo hayamos pedido porque prefiramos salvarnos solos. Nadie sabe mejor lo que el mundo necesita, si hay que extirpar un cáncer nada mejor que cortar por lo sano (de las metástasis ya se preocupará el siguiente), salir del despacho oval, calzarte las pistolas, prenderte la estrella en el pecho y dejar de ser un mero presidente para convertirte de inmediato en el sheriff, el que habrá de salvaguardar la ley (su ley) allá donde se requiera su presencia (y si no se requiere tanto dará, la salvaguardará de igual manera), el que instaurará o restituirá (según los casos) su Nuevo Orden Mundial (extraño que le llamen nuevo, cuando es el mismo de siempre), el que habrá de llevar la paz, la democracia y la justicia (su paz, su democracia, su justicia) a todos los confines de la Tierra siempre y cuando esos confines tengan algún valor, si no que se jodan. El verdadero vigía de occidente. Y de oriente.

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From → MUNDO DE MIERDA

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