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Madrid 20020 (y así sucesivamente)

7 septiembre, 2013

Pues claro, cómo no, ahora volveremos a intentarlo para 2024 porque tocará en Europa (y se los darán a París, Roma o Berlín), luego para 2028 por ser ese 28 una cifra emblemática que identifica más que ninguna otra a nuestra capital del Reino (vean si no sus códigos postales), luego para 2032 por aprovechar el trabajo realizado en los años anteriores, luego para 2036 por ser el centenario de una fecha histórica (e histérica) para nuestro país ante la que el COI no podrá permanecer indiferente, luego para 2040 porque sí, luego para 2044 porque ya que estamos puestos pues por qué no… Y para 2092 porque se cumplirá el centenario de los Juegos de Barcelona, y para 2112, 2116 y 2120 por cumplirse a su vez los respectivos centenarios de aquellos primeros intentos, y para 2222 porque queda bien la cifra (y tanto dará que no sea año olímpico, nosotros lo intentaremos de igual manera), y para 2444 porque habrán pasado 222 años desde 2222, y para 3020 porque ya decía el bolero que pasarán más de mil años, muchos más, y para 20020 porque así podremos reutilizar este mismo logo, y para…

Dos cosas tengo meridianamente claras (todo lo claras que puede tener uno las cosas en estos tiempos): una es que tarde o temprano tendrá que haber unos Juegos Olímpicos en Madrid (en la medida en que los Juegos sigan existiendo por los siglos de los siglos, que estará por ver); la otra es que ni yo, ni mi hijo (16 años a día de hoy), ni mis (hipotéticos) nietos ni los (no menos hipotéticos) nietos de mis nietos llegaremos a verlos con vida. Allá donde no llega el sentido común llegan las matemáticas: en 2020 habrán pasado ¡¡¡96!!! años desde los últimos Juegos que organizó Francia (y no será porque no hayan intentado repetir), 48 desde los últimos que organizó Alemania, 60 desde que los organizó Italia. El Reino Unido de la Gran Bretaña necesitó que pasaran 64 años para repetir Juegos, Japón volverá ahora a tenerlos 56 años después, incluso Australia (sin competencia directa en su área geográfica) hubo de dejar pasar 44 años entre Melbourne 1956 y Sydney 2000. ¿Y con todo y con eso nosotros pretendemos que nos los den tan solo 20 (2012), 24 (2016) ó 28 años después de que fueran en Barcelona? (Y no me vengan con que USA sólo necesitó 12 años entre Los Ángeles y Atlanta, no me vale como comparación, ellos juegan en otra liga). Una cosa es que nos creamos el ombligo del mundo y otra ya es que en base a ese ombliguismo nos dediquemos a desparramar a manos llenas el dinero del contribuyente, que se ve que nos sobra. Somos así.

Quienes me conocen saben que soy un apasionado del deporte (en este país suele confundirse apasionado del deporte con aficionado al fútbol, pero les aseguro que no es mi caso). Quienes me conocen saben que no hay acontecimiento deportivo sobre la faz de la tierra que me vuelva más loco que unos Juegos Olímpicos, habrá por ahí gente que los disfrute tanto como yo pero más ya les digo yo que no, más es imposible. Quienes me conocen saben que (casi) nada me haría más feliz que tener esos mismos Juegos a la puerta de mi casa. Pero lo que no puede ser no puede ser (y además es imposible). Pedir los Juegos para 2012 fue ya una frivolidad, pedirlos para 2016 fue un despilfarro inútil y absurdo, pedirlos para 2020 ha sido una temeridad, una insensatez. ¿A qué jugamos? ¿Qué nos creemos que somos? Rescatados, entrampados hasta las trancas (así el país como la ciudad que habría de acogerlos), recortando en toda clase de servicios básicos para el ciudadano, fabricando parados a la velocidad de la luz, empantanados en una crisis que parece no tener fin. Con nuestros deportistas de base viendo como se cierran o se privatizan sus polideportivos, con nuestros deportistas de élite debiendo pagarse sus propios viajes para entrenar o incluso competir en el extranjero (y encima teniendo que escuchar que lo mejor que podía pasar era que nos dieran los Juegos, porque sólo así volvería a haber dinero para el deporte)… ¿Y aún así estamos seguros de que nuestra principal prioridad ahora mismo era (intentar) montar este sarao? ¿Con haber prostituido esta Comunidad para vendérsela por un plato de lentejas al señor Adelson (y sus secuaces) no nos había parecido suficiente? ¿Tenemos tal complejo de inferioridad que necesitamos constantemente recordarle al mundo que existimos, aunque sólo sea para que el mundo entero se ría de nosotros? Los italianos lo vieron claro y pararon la broma de Roma antes de que fuera demasiado tarde, nosotros no, nosotros teníamos que seguir ahí fieles a nuestros principios, de victoria en victoria hasta la derrota final. Una vez más.

¿Y si nos los llegan a dar? (Por ahí arriba he dicho que era imposible pero quién sabe, si a Tokio y Estambul les hubiera dado por retirarse lo mismo no les habría quedado más remedio) ¿Qué habríamos hecho entonces? ¿Pedir otro rescate? ¿Endeudarnos aún más si cabe? ¿Exigir otro esfuerzo adicional a esta misma ciudadanía a la que le vendimos que si venían los Juegos ataríamos a los perros con longaniza (metáfora muy de otro tiempo para ilustrar que nadaríamos en la abundancia)? ¿Decirle a la gente que hubo un ligero error de cálculo, que algún cero se nos cayó por el camino, que donde dijimos 1.500 (millones) quisimos decir 15.000, quizás incluso 150.000? ¿Repartir el pelotazo de la villa olímpica entre aquellos que nos pagan las elecciones, aunque por el camino hubiéramos de convencer a algún concejal ajeno para no perderlas? Despierten. Pellízquense. Dejen ya de soñar. No acogeremos los Juegos Olímpicos tampoco en 2020, fíjense qué sorpresa, quién habría podido siquiera imaginarlo. Pero no se me vayan a rajar ahora, hombres (y mujeres) de dios, recuerden que cada cuatro años hay más, las olimpiadas es lo que tienen, cómo desperdiciar el trabajo ya realizado, cómo desaprovechar las instalaciones ya construidas (y ya obsoletas, ya convenientemente abandonadas), cómo no tirar de nuevo la casa por la ventana, cómo no volver a recorrer el mundo una y mil veces mendigando votos, cómo no volver a fletar aviones enteros llenos de jamones pata negra a la próxima elección de sede, a ver para qué está el dinero de nuestros impuestos si no es para gastárnoslo en cosas como ésta. Recuerden, nunca olviden aquella vieja máxima, pase lo que pase el espectáculo siempre debe continuar. Hasta el infinito y más allá.

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From → CIUDAD DE MIERDA

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