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mi silencio

2 octubre, 2013

Algunas veces (más de las que me gustaría, menos de las que debería) voy de manifestación. Habré de confesárselo, pocas cosas me deprimen más en esta vida que ir de manifestación. Miro a mi alrededor y veo el entusiasmo de todas esas buenas gentes (en su mayoría más jóvenes que yo) gritando consignas, llevando pancartas, escenificando que vamos de culo, y no puedo evitar la sensación de que acaso ellos estén todavía en una edad (física y/o mental) en la que aún piensen que se pueden cambiar las cosas. Son felices creyendo que todo aquello sirve para algo, ya verás, en cuanto vean cuántos somos tendrán que ceder, habrán de dar marcha atrás en sus políticas, no podrán ignorar por más tiempo la voz de la calle, les veo tan convencidos que me dan una pena tremenda porque pienso que más dura será la caída, que más tarde o más temprano su idealismo se dará de bruces contra la cruda realidad. Ellos y yo lo sabemos, nos tienen bien agarrados por los huevos, en el mejor de los casos nos darán un caramelito mientras se quedan con el pastel, acaso nos cambien algo para asegurarse de que todo siga igual. Miro a mi alrededor y sé que hemos perdido, TODOS hemos perdido, ellos y yo hemos perdido, los que lo asumimos y los que no. Somos la viva imagen de la derrota.

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Y sin embargo algunas veces (más de las que me gustaría, menos de las que debería) voy de manifestación, no porque piense que pueda servir para algo sino por pura necesidad personal. Para sentirme en paz conmigo mismo, para no tener que reprocharme que no hice todo lo posible, que no puse todo lo que estuviera en mi mano para revertir la situación (como si estuviera en mi mano revertir alguna situación). Voy, camino, miro a mi alrededor, me deprimo y vuelvo sintiéndome vencido, tanto o más que si no hubiera ido. Tanto o más que tantas otras veces que me quedo en casa, o dando un paseo, o echando a perder la tarde en cualquier centro comercial mientras peleo a solas con mi conciencia. Pude ir, acaso debí ir pero en el último momento me fallaron las fuerzas, me venció mi natural tendencia al sedentarismo, mi fobia al ruido, mi natural alergia a los excesos. Mi refugio es el silencio. No hables a menos que puedas mejorar el silencio, dicen que dijo Borges, y yo procuro cumplirlo. Al menos en estas circunstancias.

miedoceno

Dicen también que el hombre es esclavo de sus palabras y dueño de sus silencios, así lo creía yo también, aquello que digas te podrá perseguir toda la vida, aquello que calles será sólo tuyo… o no. Ya no.  Esa que llaman mayoría silenciosa era antes de todos que es tanto como decir que no era de nadie, ahora en cambio el poder ha decidido apropiársela para sí mismo. Puedes faltar a una manifestación porque no estés de acuerdo con sus planteamientos, o porque aún estando de acuerdo con sus planteamientos no estés de acuerdo con quienes la convocan; pero también puedes faltar por muchas otras razones: porque no te apetezca, porque estés trabajando, porque tengas otras cosas que hacer, porque no tengas con quién dejar a los niños, porque no encuentres con quién ir, porque haga mal tiempo, porque te fallen las fuerzas. O porque no esté en tu ADN, así de sencillo, Conozco cienes y cienes de personas (vecinos, cuñados, compañeros de trabajo) que pueden pasarse el día entero echando pestes por cómo está la situación pero a quienes jamás ni en el mejor de tus sueños verás en una manifestación. Ni aunque les toquen la fibra sensible, su trabajo, su sueldo, el pan de sus hijos. Ni por esas. Eso no es para ellos, no está en su naturaleza, por dios qué ocurrencia, a ver qué pinto yo ahí. Todos ellos son también (su) mayoría silenciosa. Así da gusto.

mayoria silenciosa

No creo que haya habido en toda la historia de la humanidad ni una sola manifestación en la que el número de asistentes fuera superior al número de personas que se quedaron en casa. Nunca, ni aún en la mejor tradición de los acarreados, ni aún en las dictaduras de autocar, bocata y Plaza de Oriente, nunca. Este juego de convertir a todos los no-asistentes a una manifestación en contrarios al propósito de dicha manifestación es mucho más peligroso de lo que parece. En este país ha habido manifestaciones masivas contra el terrorismo, pongamos que alguna de ellas llegara a reunir al millón de personas. ¿Habremos de pensar, de acuerdo con sus teorías, que los (pongamos) tres millones de madrileños que no se manifestaron estaban a favor del terrorismo? ¿O que aquellos que no pudimos asistir a la manifestación posterior al 23-F (me incluyo porque aquella lejana noche estaba yo en la cama con 39 y medio de fiebre, escuchándola por la radio) estábamos todos a favor del golpismo (cuánto les gustaría a algunos que así fuera)? Hace algunos años ustedes mismos, de la mano de la Conferencia Episcopal, solían convocar cada dos por tres unas manifestaciones monísimas en defensa de la familia, yo lo sé bien porque nuestra televisión autonómica nos las retransmitía cada sábado de principio a fin con todo lujo de detalles gracias al dinero de nuestros impuestos. ¿Cuánta gente llegaron a juntar? ¿100.000, 300.000? Miren que les concedo hasta el medio millón, si me apuran… Lo cual, de acuerdo con su razonamiento, significaría que no menos de tres millones y medio de madrileños estábamos en contra. A no ser que manejen un doble rasero, si convoco yo se cuentan los que van, si convocan contra mí se cuentan los que faltan. Así no nos equivocamos nunca.

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Esa mayoría silenciosa que no se manifiesta en realidad no existe, o no en el sentido en que la utilizan ustedes. Existen millones de minorías silenciosas, una por cada ciudadano que no se manifiesta (o que no siempre se manifiesta), cada una con sus propios motivos, yo ya les he dado el mío, quizá les vendría bien conocer algunos más. Dice el refrán que el que calla otorga pero yo no concibo esa razón, yo no les he otorgado nada, claro que ustedes nunca necesitaron que nadie les otorgara nada para ir quedándose con todo. Nos han quitado nuestros derechos, nuestros trabajos, nuestras nóminas, nuestras viviendas, nuestros ahorros, nuestras conquistas sociales, nuestra voz, nuestras ideas, nuestras ilusiones, nuestra felicidad, nuestro futuro, ahora sólo faltaba que nos quitaran también nuestro silencio. Mi silencio es mío, llevo muchos años cuidándolo y administrándolo como para que ahora se lo apropien ustedes y no contentos con eso encima me lo tiren a la cara. Quiten sus sucias manos de mi silencio, hagan el favor. Devuélvanmelo, devuélvannoslos, no vaya a ser que al final se les acaben volviendo en su contra. No vaya a ser que ahora ya no nos callemos nunca más.

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From → PAÍS DE MIERDA

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