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Operación Chulapo

7 octubre, 2013

Sabrán que nuestro Excelentísimo Ayuntamiento de Madrid, siempre a la vanguardia de las nuevas tendencias, ha decidido poner en marcha un casting de músicos callejeros para que a partir de ahora en nuestras plazas y nuestros parques ya no toque cualquiera sino sólo quien realmente lo merezca. Dado que si usted me lee desde (pongamos) Cuenca, Soria, Tegucigalpa o Sebastopol no entenderá nada de lo que le estoy diciendo (sobre todo si es desde Sebastopol, por una mera cuestión de idioma), aquí le dejo por el mismo precio este estupendo enlace para que pueda comprobar por sus propios ojos que esto que le cuento es absolutamente cierto, que no me invento nada, que todavía no me he vuelto loco (creo…)

Póngase usted en el lugar de cualquier músico callejero que reciba de repente la visita de un probo funcionario municipal trajeado y encorbatado (o bien de un policía municipal convenientemente uniformado, que impone aún más si cabe), de alguien que le explique que si desea usted seguir tocando en esa esquina de ahora en adelante tendrá que aprobar una oposición (o similar); probablemente usted pensaría que hay que ver qué gracioso, que como broma ya está bien, que dónde estará la cámara oculta. Pues no, de cámara oculta nada, esto al parecer ya era un desmadre y un desenfreno y un despiporre y una casa de tocamerroque ante la cual nuestra egregia municipalidad ha decidido tomar de una vez por todas cartas en el asunto. Y es que pocas cosas inciden más en la buena o mala imagen de una ciudad que la calidad de aquellos que tocan (música, por lo general) en sus calles, plazas, estaciones o vagones de metro. La suciedad, la mugre generalizada, la basura acumulada en los rincones, las aceras rotas, los parques desvencijados, la sensación de abandono, la mendicidad creciente, la miseria circundante, la mierda por doquier, todo eso forma parte de nuestra idiosincrasia, es la principal seña de identidad de una ciudad moderna y cosmopolita como la nuestra. En cambio una nota desafinada, ¡ay amigo!, una simple nota desafinada genera una espantosa sensación de fealdad que puede echar por tierra en un abrir y cerrar de ojos (de oídos, en este caso) todo el buen nombre y el prestigio acumulado a lo largo de tantos y tantos años, no caigamos en ese error, de ningún modo permitamos semejante aberración.

Dicho y hecho. Imaginen, cómo no habrían de imaginarse a nuestra Ilustrísima y/o Excelentísima Alcaldesa de la Villa y Corte presidiendo el Jurado, flanqueada a sus costados por sus dos concejales más melómanos (signifique eso lo que signifique): tu solo de violín de la Primavera de Vivaldi ha estado francamente bien, qué duda cabe, pero sucede que ahora mismo estamos en Otoño, interpretar la Primavera en estas fechas es un contrasentido, diría yo que incluso una falta de respeto, hasta podría entenderse como una provocación, una cosa es que nosotros (en un alarde de creatividad sin precedentes) celebremos nuestro Festival de Otoño en primavera (tal cual) y otra muy distinta es que cualquier titiritero de tres al cuarto se crea con derecho a hacer lo mismo, modificar las estaciones a su antojo, hasta ahí podíamos llegar. Así que sintiéndolo mucho nos vemos obligados a comunicarte que NO SIGUES CON NOSOTROS

O bien (sigan imaginando, ya puestos): esa interpretación de Blowing in de Wind ha estado fantástica, no es el estilo musical que más se adecúe a las raíces folclóricas de esta noble villa pero aún así habremos de reconocer que ha estado bien, de hecho sería perfecto si no fuera por la pronunciación, ahí sí tenemos un serio problema, ese the answer tan poco definido, esa th tan remarcada, sabes que en este Ayuntamiento somos extremadamente rigurosos con la dicción en otras lenguas y muy especialmente en la de Chéspir, en todas nuestras intervenciones públicas habrás podido comprobarlo, en modo alguno podemos pasar por alto un fallo así, por todo lo cual lamentamos comunicarte que aún sintiéndolo en el alma NO SIGUES CON NOSOTROS

Quizá sería bueno (ya puestos) extender esta práctica del casting a otras actividades callejeras además de a la música. Miren por ejemplo esos niños desarrapados jugando al fútbol en los parques de cualquier manera, cada uno vestido de su padre y de su madre, con pelotas de trapo o de plástico que la mayoría de ellos tocan sin clase, sin técnica, sin calidad; una ciudad como ésta que vio jugar a Di Stéfano y Puskas, a Zidane o a los Ronaldos no puede permitirse de ningún modo este espectáculo deleznable. Hagámosles un examen, exijamos un mínimo de talento para que así en la calle ya sólo jueguen los virtuosos, los que sean capaces de despertar admiración, el resto que se aguanten o se conformen con jugar en el pasillo de su casa donde nadie les vea. Y qué decir de esos ancianos jugando también a la petanca en nuestros jardines, algunos aún con Parkinson lanzando ahí su bola a tontas y a locas (o a cualesquiera otras que pasen por la calle); qué decir de esos repartidores de propaganda a la salida del metro que te dan la hoja de papel sin el menor estilo, sin ser capaces de perfilarse y citarte de lejos, ¡¡¡eeeheee, toroooo!!! para que acudas presto al engaño; qué decir de esos paseadores de perros incapaces de parar, templar y mandar al animal como mandan los cánones (que no sé quiénes son pero mandan mucho), que más que pasear al perro parecería que es el perro quien les está paseando a ellos, hagamos un casting de perros y otro de dueños para fusionar por fin ambos colectivos en un conjunto armónico, para que dejen de una vez por todas de avergonzar a esta ciudad… Sí señores, cualquier actividad humana por increíble que les parezca es susceptible de ser sometida a un casting, cualquiera menos la de políticos, hasta ahí podíamos llegar, esas buenas y sacrificadas gentes ya superaron su casting ciudadano al pasar por las urnas, puede que luego lo que hagan no sea lo que dijeron que harían, puede que los que estén ni siquiera sean los que dijeron que estarían pero a quién habría de importarle esa pequeña nimiedad…

Eso sí, llegados a este punto yo les aconsejaría que no se queden en un mero casting, que vayan aún un poco más allá. No se conformen con seleccionar a los mejores músicos callejeros y mandarlos ya a la calle a la buena de dios a tocar cualquier cosa, no, aprovechen la oportunidad que se les brinda, enciérrenlos en una academia durante (pongamos) seis meses, pónganles profesores especializados, monten galas semanales que permitan apreciar sus progresos, aprovechen para ello ese auditorio que tienen montado en la Plaza de Colón, ese que unas veces llaman Teatro Fernán-Gómez y otras Centro Cultural de la Villa según les convenga, ese para el que se han cargado convenientemente el Festival de Jazz (total a quién le va a importar si sólo llevaba treinta años haciéndose, además la culpa es suya por hacer ruido en lugar de dedicarse a la zarzuela como dios manda), todo ello por supuesto convenientemente retransmitido por Telemadrid, ese canal nuestro que ahora anda un poco de capa caída a pesar de la calidad de sus programas y la manifiesta neutralidad de sus informativos, y que de esta manera podría volver a recuperar su antiguo esplendor… Y luego ya sí, en mayo cuando lleguen los isidros sacaríamos por fin a nuestros triunfitos ya convenientemente reconvertidos, ya vestidos de chulapo/a como manda la tradición, ya sobradamente preparados para esparcir sus esencias musicales por la calle de Alcalá, con la falda almidoná y los nardos apoyaos en la cadera, la florista viene y va y sonríe descará por la acera de la calle de Alcalá. Ahí es .

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From → CIUDAD DE MIERDA

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