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prescindibles

9 octubre, 2013

En un futuro no muy lejano todos seremos prescindibles (José Saramago)

Cada día las noticias nos confirman (por si no lo tuviéramos ya suficientemente claro) que hay seres humanos de primera, de segunda y de tercera, y que aún un poco más allá queda una última categoría que se sale de la tabla, una masa informe de seres que aunque nos cueste creerlo son también humanos, y ello a pesar de que cada día se empeñen en mostrárnoslos como si no lo fueran. Un ciclón que apenas deje heridos en Oklahoma puntúa más (en términos informativos) que un tifón que provoque cientos de muertos en Indonesia. Un tiroteo en Washington con una sola víctima ocupa más espacio (en nuestras mentes y en nuestros noticiarios) que la masacre de un centro comercial en Nairobi. Nos importa más el derrumbe de un edificio de apartamentos medio deshabitado en París o Berlín que el derrumbe de una fábrica entera en Pakistán, tanto nos dará descubrir luego miles de cadáveres hacinados y averiguar que los tenían trabajando casi de sol a sol por un sueldo de miseria, acaso cosiéndonos estas mismas ropas que luego nos iremos a poner. Es como en aquellas películas de guerra, el americano bueno matando a chorros japoneses malos, cien, doscientos, trescientos, así hasta que de repente le pegaban un tiro y se moría y a ti se te ponía un nudo en la garganta porque era el amigo del protagonista, porque acababa de enseñarle la foto de su novia, porque en la siguiente escena ya te mostraban a la madre llorando mientras le daban la noticia y le contaban que su hijo había muerto como un héroe. Y a ti todo te parecía tan normal hasta que acababa la película y te parabas a pensar (quién te mandaría pensar), y pensabas que a lo mejor esos trescientos japoneses también tendrían amigos, novia, madre, que por tener tendrían incluso hasta una vida lejos de aquellas selvas de Birmania. Aquello al fin y al cabo era cine pero esto es la vida real, y en la vida real de cada noticiario cabría acaso preguntarse a cuántos muertos del tercer mundo equivale un muerto del primer mundo, cuántos cadáveres africanos, indonesios o pakistaníes tendremos que mostrar para que merezcan la misma consideración que un solo cadáver norteamericano, francés o alemán.

No es doble moral, es algo peor. Es como si en el primer mundo lo natural fuera estar vivo y en el tercer mundo lo natural fuera estar muerto, es como la trágica confirmación de aquella manida frase periodística, noticia no es que un perro muerda a un hombre sino que un hombre muerda a un perro, noticia es que se mueran quienes están vivos pero no que lo hagan quienes están muertos (muertos en vida), en realidad la verdadera noticia sería que pudieran seguir viviendo. Los muertos y los vivos del primer mundo tienen (tenemos, por ahora) nombre y apellidos, cara y ojos, en cambio los muertos y los (presuntamente) vivos del tercer mundo apenas alcanzan la categoría informativa de personas, en realidad son sólo números, una mera estadística. De alguna manera les hemos cosificado, les hemos otorgado la condición de mercancía, material inventariable, intercambiable y fácilmente reemplazable. No es ya que haya animales que nos merezcan una mayor consideración, es que hay incluso objetos que nos merecen una mayor consideración. A esto hemos llegado, a la deshumanización de la humanidad como paso previo para poder prescindir de ella. De una buena parte de ella.

No es un problema informativo, ojalá lo fuera. De hecho es justo lo contrario, de hecho la información no es más que un reflejo de la sociedad a la que informa, una mera consecuencia del poder al que sirve. El poder ha decretado que hay ricos y hay pobres, al poder no hay cosa que le saque más de quicio que unos pobres queriendo dejar de ser pobres, no hay cosa que le descomponga más que ver a los miserables queriendo escapar de la miseria y llegando a atreverse incluso a llamar a las puertas de su casa. Les echaremos las últimas migajas de nuestro pastel pera que se maten por ellas pero eso sí, como a alguno se le ocurra acercar siquiera un poco la mano para intentar tomar un mísero pedazo se la cortaremos, eso si no le cortamos también el cuello aprovechando el viaje. niñosafricaUstedes quédense ahí en sus continentes de mierda, con sus barrigas fuera y su mugre hasta los ojos, esténse ahí calladitos y limítense a desempeñar el papel que les ha sido asignado, aparecer de vez en cuando en los documentales y servir de coartada para que nuestras damas de beneficencia laven su mala conciencia en cada fiesta de la banderita, el resto déjennoslo a nosotros que ya haremos todo lo que esté en nuestra mano para que no vengan, ya legislaremos para que si vienen se arrepientan de haber venido. Cada cosa en su lugar, y cada persona en el suyo.

¿Exagero? Estos días se ha hablado mucho de los pesqueros que negaron su auxilio a las víctimas de Lampedusa, pero se ha hablado mucho menos de la causa última de que sucediera semejante aberración. Se ha hablado mucho menos de que la legislación italiana criminaliza el auxilio a los náufragos, de que su Parlamento aprobó en 2002 (y aún sigue vigente, por supuesto) el delito de complicidad con la inmigración ilegal para todos aquellos que introduzcan en su país a inmigrantes sin permiso de entrada, incluyendo en ese lote a quienes les rescaten cuando su lancha o su patera se esté hundiendo y a quienes les recojan cuando se estén ahogando en alta mar. Y tampoco hace falta ir tan lejos, estos días se ha hablado (tampoco mucho, no nos volvamos locos) de dos seres llamados (no estará de más decir sus nombres para que así al menos recordemos que los tenían) Pietr Piskozub y Alpha Pam, polaco y senegalés respectivamente, residentes (si a eso se le podía llamar residir) en Sevilla y Baleares respectivamente, 23 años y 28 años respectivamente, fallecido el primero de desnutrición (pesaba apenas 30 kilos) justo cuando acababa de recibir el alta médica en un hospital, fallecido el segundo de tuberculosis justo después de que se le denegara la asistencia por no tener tarjeta sanitaria. Este es nuestro mundo, unos denegando el deber de auxilio y otros el sagrado juramento hipocrático, si trae papeles puedes salvarle, si no los tiene habrás de dejar que se pudra, su vida vale menos que la de cualquier animal. Nos jactamos de vivir en estados modernos que abolieron hace tiempo la pena de muerte pero es mentira, es una puta mentira, no matamos en directo pero ponemos los medios para que mueran en diferido. Y no precisamente en forma de simulación.

Acaso crea usted que todo esto le pilla muy lejos, que puede apenarle pero en modo alguno podrá afectarle… Se equivoca. Las fronteras que separan el norte del sur son cada vez más difusas, hoy ya no son físicas ni geográficas sino meramente económicas. El sur está aquí mismo, en nuestros barrios, en nuestras familias, quizás incluso en nuestra propia casa. Hoy todos somos o seremos sur, hoy todos somos susceptibles de ser carne de cañón en cuanto se les ponga en la punta a los del norte, les valdrá cualquier pretexto, repásese la historia reciente y encontrará unos cuantos precedentes al respecto. Recuérdelo, en un futuro no muy lejano todos seremos prescindibles, todos menos ellos, todos excepto aquellos que tienen la sartén por el mango y establecen los criterios de prescindibilidad, todos menos sus cómplices. En un futuro no muy lejano todos seremos prescindibles, a día de hoy lo son ya más de tres cuartas partes de la humanidad. Y subiendo.

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From → MUNDO DE MIERDA

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