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dogmas

14 noviembre, 2013

Dijo una voz popular:

Ustedes, los de la izquierda radical, tienen un DOGMA, creen que un servicio público debe ser prestado por funcionarios. Y eso no es así, no tiene por qué ser así, un servicio público es de titularidad pública, punto, pero la prestación de ese servicio se puede EX-TER-NA-LI-ZAR para que sea gestionado por empresas privadas, que son las que garantizan su RENTABILIDAD…” (algo así)

Aquella entrevistadora tendría de izquierdista radical lo que yo de monje trapense poco más o menos, nada de particular viniendo de quien viene, para la autora de la frase ya hasta su Presidente del Gobierno será también de izquierda radical a estas alturas. Es lo que tiene escorarte tanto a la derecha, que ves a los demás tan lejos que acabas creyendo que están todos en la extrema izquierda.  Pierdes la perspectiva, te conviertes en la lideresa del Tea Party a la española o aún peor, en la versión española de la Dama de Hierro, su ídola confesa, de hecho bien haríamos en rebautizarla ya de una vez por todas (a la nuestra, me refiero) como la Dama de Cemento. Hace meses dio un paso atrás (o al costado, más bien) y desde entonces la única duda que nos queda es cuánto tardará en dar dos adelante. Si un día movió (presuntamente) los hilos para ganar unas elecciones en segundas nupcias tras haber perdido las primeras (culpa nuestra por supuesto, que aquella primera vez votamos mal), no les quepa la menor duda de que el día menos pensado volverá a moverlos para garantizarse una alcaldía o quién sabe si una presidencia, y no precisamente de Comunidad. Aquí podremos perder la inocencia, la alegría, la ilusión, la dignidad y hasta las ganas de vivir, pero nunca perderemos la Esperanza.

Así que ya lo saben, para una adecuada rentabilización de la gestión nada mejor que una buena externalización, chimpón, ahí les dejo el eslogan para lo que gusten mandar. Claro está, decimos externalización por pura coherencia, si dijéramos privatización llamándose servicio público sonaría a contradicción en los términos, como si dijéramos que aquello que ahora es negro aún sigue siendo blanco o que el cadáver sigue aún muy vivo después de haberlo matado, por ejemplo. Decir en cambio externalización queda mucho más elegante, dónde va a parar, suena a eficacia y modernidad y no a que una panda de golfos se quieran apropiar de lo que es de todos. Externalicemos pues, y hagámoslo además con conocimiento de causa; veamos sin más dilación dos buenos ejemplos, bien recientes además, de lo maravillosa que puede llegar a resultar esta sabia práctica de la externalización:

1) Usted recibe el borrador de su declaración, ve que hay un error pero no sabe cómo modificarlo, pide cita en la Agencia Tributaria, acude puntual a su cita, se lo rectifican, le sale a devolver una pasta, se pone como unas castañuelas y se marcha a su casa a esperar la devolución. Pasan los meses y la devolución no llega, y lo que sí llega en cambio es una paralela en la que le indican que donde dije digo ahora digo diego, donde antes le salía a devolver tanto ahora le sale a pagar cuanto, que lo afloje cuanto antes y que luego los intereses de demora ya veremos cuándo y cómo se los cobramos. Usted pone el grito en el cielo, ¡¡¡pero si me la hicieron aquí!!!, usted presenta incluso un recurso pero ya le advierten al presentarlo que son lentejas, que si quieres las comes y si no las dejas pero éstas te las vas a tener que comer. Que esto es así, que el responsable es usted que es quien figura como titular y quien firmó la declaración, que a quién se le ocurre venir aquí a que se la hiciéramos nosotros, hombre de dios, si aquí en campaña de Renta ponemos a unos cuantos cientos de eventuales sin conocimientos previos en materia tributaria, les damos un portentoso curso de apenas unas pocas horas y luego ya les echamos a los leones, usted al fin y al cabo tuvo suerte, si le salió a devolver y ahora es a pagar piense que hay casos peores, gente a la que le hacen pagar cuando debería ser a devolver, somos así, externalizamos el servicio para poder pagar una mierda a los que nos traen de fuera en lugar de pagar horas como es debido a quienes ya están dentro, que luego el servicio se preste bien o mal es meramente secundario… [Caso real, sucedido este mismo año a unos amigos míos. A saber cuántos más habrá en esas mismas circunstancias]

2) (Seguro que éste le resultará mucho más familiar) El Ayuntamiento de Madrid externalizó el servicio de limpieza, redujo su presupuesto (dado el nivel de limpieza tan extremadamente alto al que estábamos acostumbrados), lo sacó a concurso, las empresas perdieron el culo por pujar, se lo adjudicaron y justo entonces se pusieron a hacer números, y descubrieron que para que la broma les saliera a cuenta (en términos de beneficios, entiéndase) tendrían que despedir a una quinta parte de la plantilla (lo que vienen siendo mil y pico trabajadores) y rebajar el sueldo de los demás un 43 por ciento, una fruslería como si dijéramos. Ante éstas y otras propuestas (no, la de fusilarles al amanecer todavía no se contemplaba, pero todo se andará) los trabajadores se enfadaron, hay que ver cómo son, y el resultado de todo ello es que los mismos madrileños que un día quisimos la Olimpiada hoy hemos conseguido la Oensuciada (disculpen la tontería), semana y media llevamos con ella, semana y media llevamos los sufridos ciudadanos pisando mierda, semana y media lleva el Ayuntamiento pintando la mona (no vayan a pensar que se trata de una alusión a su Alcaldesa, líbreme el cielo), moviendo sus hilos mediáticos para que ese noventa por ciento de periódicos, radios y televisiones que les ríen sistemáticamente las gracias no carguen sus tintas sobre esa Excelentísima Señora ni sobre las concesionarias del sector sino sobre los trabajadores, esos bárbaros, esos vándalos, esos irresponsables que por más que se lo exigimos se niegan a abrirse de piernas lo suficiente. Todo ello por supuesto respetando aquella vieja tradición española (véase artículo de Almudena Grandes) de convertir a las víctimas en culpables, nada hay que se nos dé mejor. Claro está, de ningún modo podemos culpabilizar a todos esos empresarios a quienes hemos regalado (presuntamente) la concesión, no vaya a ser que se enfaden y dejen de financiarnos (presuntamente) nuestras campañas electorales, hasta ahí podíamos llegar…

Hablaba nuestra egregia Dama de Cemento de los dogmas de la izquierda radical. Mire, yo nunca he sido radical (o nunca he sido consciente de serlo) pero ya que a usted le gustan tanto los dogmas (lo que usted llama dogmas) me voy a permitir el lujo de ofrecerle dos más (dog-más), y todo por el mismo precio, para que así los junte con el otro y ya sean tres:

1) La finalidad esencial de todo servicio público es prestar un servicio a los ciudadanos, como su propio nombre indica. Ergo en el momento en que su finalidad pasa a ser la rentabilidad ya no estaríamos hablando de un servicio público, ya hablaríamos de otra cosa, llamémosle negocio por ejemplo (o mamandurria, por decirlo en su idioma).

2) Un servicio público prestado por funcionarios tiene un coste, las nóminas de dichos funcionarios más los medios que éstos precisen para realizar su labor. En cambio un servicio público externalizado tiene dos costes, de un lado las nóminas de sus trabajadores más los medios que precisen, del otro los beneficios que habrán de embolsarse los empresarios que obtuvieron la concesión. Ergo para garantizarse esos beneficios con el mismo presupuesto habrán de reducir gastos, bien disminuyendo la calidad del servicio o bien disminuyendo la masa salarial (o ambas cosas a la vez). Eso con el mismo presupuesto, no digamos ya si se reduce el presupuesto como suele ser habitual en cualquier proceso de externalización. Parece de cajón…

Usted lo llama dogmas y hace bien, yo a lo suyo lo llamo desvergüenza y también hago bien. Usted lo llama dogmas pero para el común de los mortales (izquierdistas radicales todos ellos, sin duda) son cosas de sentido común. Claro que es bien sabido que el sentido común es el menos común de los sentidos, lo sabemos usted y yo como lo saben bien todos esos médicos y enfermeros, todos esos treneros y autobuseros (den por añadido el femenino en cada caso) que andan hoy con sus barbas puestas a remojar sabiendo que no tardará en llegar el día en que se las corten. Ustedes siempre ganan, nosotros siempre perdemos, su victoria y nuestra derrota es sólo cuestión de tiempo. Ese sí es un verdadero dogma.

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From → PAÍS DE MIERDA

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